Expertos exigen un cambio radical en la estrategia de pruebas COVID-19 para reabrir escuelas y negocios

Investigadores, expertos en diagnóstico, autoridades de salud pública y epidemiólogos exigen un cambio radical en la estrategia de pruebas COVID-19, que se enfoque no sólo en realizar pruebas a personas con síntomas o exposición, sino que se empleen pruebas diagnósticas de manera generalizada y masiva en la población para localizar y aislar rápidamente a los infectados, particularmente a aquellos que son asintomáticos, quienes esparcen más significativamente el virus, para reducir la velocidad de propagación y poder abrir con menos riesgo las escuelas, fábricas y negocios.

Actualmente, en Estados Unidos, expertos en diagnóstico, autoridades de salud pública y epidemiólogos exigen un cambio radical en la estrategia de pruebas COVID-19, cuyo enfoque cambie, de realizar pruebas solamente a personas con síntomas o exposición, a la realización de pruebas diagnósticas rápidas y baratas, aunque en algunas ocasiones sean menos precisas, de manera generalizada y masiva a la población para lograr identificar y aislar más rápido a los infectados y reducir la velocidad de propagación del virus, permitiendo así abrir con menos riesgo las escuelas, fábricas y negocios.

La estrategia de pruebas debe enfocarse en aumentar de manera masiva la disponibilidad de pruebas baratas para localizar a los asintomáticos que son quienes esparcen el virus de manera más significativa. Actualmente, se realizan muy pocas de estas pruebas, aseguró la Dra. Rebecca Smith, epidemióloga de la Universidad de Illinois.

En este momento, las pruebas PCR utilizadas para detectar al virus SARS-CoV-2, cuestan aproximadamente $100 USD, requieren equipo y reactivos especializados y toman de 1 a 2 días para la entrega de resultados. El aumento de casos en todo Estados Unidos ha provocado mayores demoras, llevando en ocasiones a esperas de hasta 2 semanas para la entrega de resultados. Durante el tiempo de espera, hay gente que está infectada sin saberlo y sigue esparciendo el virus al no aislarse por no tener el resultado de la prueba. Aislarlos después, no sirve de mucho. Es como llamar a los bomberos después de que la casa ya se quemó.

Daniel Larremore, un experto en matemáticas aplicadas de la Universidad de Colorado desarrolló un modelo para evaluar los beneficios de realizar pruebas más frecuentemente, incluyendo aquellas que pudieran ser menos precisas que las de PCR, consideradas como el “estándar de oro” en el diagnóstico de COVID-19. Concluyó que la realización de pruebas rápidas de forma repetida, cada 3 días, con aislamiento de personas con resultados positivos, previno en un 88% la transmisión del virus cuando lo comparó con no realizar pruebas. La realización de pruebas más precisas, aplicadas solamente 2 veces por semana, redujo la transmisión viral en aproximadamente un 40%.

Algunas pruebas, como las de antígeno, prometen acelerar la identificación de personas infectadas. Dichas pruebas inmovilizan anticuerpos recolectados de saliva o de un hisopado nasofaríngeo, en una pequeña tira reactiva similar a la de una prueba de embarazo. Esta misma técnica se utiliza hoy en día ampliamente para identificar a los virus de influenza, VIH y otros.

Uno de los problemas que enfrentan las compañías farmacéuticas, para que se logre la disponibilidad masiva de este tipo de pruebas en Estados Unidos, es balancear el riesgo de elevar dramáticamente los niveles de producción sin tener asegurado el consumo. La administración del presidente Donald Trump, tiene varias alternativas para resolver ese problema, haciendo uso de acuerdos de compra considerados en la Ley de Producción para la Defensa, que pudieran permitirle obligar a empresas privadas a cumplir con necesidades clasificadas como prioritarias para la seguridad nacional.

Incluso con la ayuda federal, establecer programas masivos de pruebas será costoso. David Paltiel experto en investigación de operaciones de la escuela de salud pública de la Universidad de Yale, estimó que realizar pruebas a 5,000 estudiantes cada 3 días para un semestre reducido de 80 días, costaría cerca de 1.5 millones de dólares, lo cual podría estar fuera del alcance del presupuesto de muchas universidades.

Sin embargo, la mayor parte de las autoridades y expertos han señalado que invertir en pruebas masivas, resultaría mucho menos costoso para cualquier nación, que exponerse a más cierres económicos, que serán inevitables si no se logra la contención de los nuevos brotes de COVID-19.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

Service RF. Radical shift in COVID-19 testing needed to reopen schools and businesses, researchers say. Science 2020 Aug 3. doi:10.1126/science.abe1546.

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